miércoles, agosto 23, 2006

Guadalfour

La peregrinación a los grandes almacenes en ciudades más grandes y cercanas suele constituir uno de los rasgos comunes de las urbes más pequeñas y que atienden al calificativo de “de provincias”. Hace años, los cordobeses acudían prestos a la seductora llamada de El Corte Inglés o los Cortes Ingleses sevillanos, pues hay varios. Los cantos de sirena de sus estanterías variadas y repletas podían con la resistencia de cualquiera, incluso aunque aquí hubiese Corte Inglés o, antaño, Galerías Preciados. En cualquier caso no era suficiente para las necesidades del aborigen medio, que prefería ese surtido hispalense capaz de acabar con su sueldo en un fin de semana. Algo parecido sucede ahora con Ikea, tienda de muebles que hipnotiza al personal hasta el punto de agradecer a Suecia, de donde procede la empresa, que nos permita dejar que armemos en casa sus muebles desmontados, gracias a lo que se ejercitan las muñecas, las rodillas y la región lumbar con la saludable actividad del bricolaje. La obtención de una repisa más barata bien vale una vértebra, que al fin al cabo hay muchas y la vida está muy cara.

En “Deprovinciaslandia”, esas peregrinaciones al exterior se combinan con peregrinaciones interiores. Hipermercados y grandes almacenes reciben a los lugareños que acuden a ellos de forma masiva cada viernes por la tarde-noche y sábados, dedicando su tiempo de ocio a las caminatas entre las secciones de textil y bebidas, con carnes al fondo y la indispensable visita a televisión y ordenadores después de echar un vistazo a las bicicletas que eliminarán michelines y que jamás se comprarán.

En cierto modo, los habitantes de la Ciudad de las Tres Inculturas se dejan influir por las marcas y la publicidad en demasía, ninguneando las posibilidades que ofrece el proveedor de artículos por excelencia a su paso por Córdoba: el Guadalquivir. En su cauce podemos encontrar de todo, incluso cochecitos de bebé, a precios tan módicos como un leve remojón para sacarlo de su particular y húmeda estantería. Los caprichos de la corriente hacen que gran parte de este maravilloso catálogo se acumule en las cercanías de la Judería, y especialmente en la zona del Molino de Martos, con lo que la posibilidad de conseguir lo que se necesita para casa cuenta con el aliciente de la visita cultural, un motivo más para apoyar la candidatura del 2016, proyecto con el que El Perol Sideral se vuelca desde sus inicios.

Aunar la función de hipermercado natural con el reciclaje supone una oportunidad única que no debemos desaprovechar. Afortunadamente, y desde hace meses, tanto el Ayuntamiento de Córdoba como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, a través de la Subdelegación del Gobierno, se muestran en desacuerdo sobre quién tiene que limpiar el cauce del río, por lo que los cordobeses todavía pueden disfrutar de este gran almacén acuático. Por una vez hemos de felicitarnos por tal retraso, que permite hasta nuevo aviso que cualquier persona acuda a la orilla y consiga una lavadora o un tresillo, y quién sabe qué maravillas habrá en oferta si se dispone de traje de buzo. Lamentablemente, nuestros dirigentes, y después de discusiones de años, terminarán con el Guadalfour, acto desconsiderado que refleja a las claras en manos de quién estamos.