jueves, febrero 02, 2017

El último perol

Tras varios años trabajando en el periodismo local cordobés decidí poner en marcha este blog ante el malestar que me producía que se llamase periodismo a lo que hacíamos aquellos que peregrinábamos entre ruedas de prensa y ruedas de prensa. Sin ninguna capacidad crítica, ni siquiera para preguntar, coaccionados por políticos y jefes y, en el fondo, autocensurados, no había ninguna posibilidad de hacer periodismo salvo en ocasionales reportajes de corte humano o cultural, campo donde había todavía ciertas libertades. En resumidas cuentas este blog nació como respuesta a la publicidad institucional, a la propaganda, travestida de periodismo (que yo mismo me veía obligado a hacer).

Se me ocurrió entonces, y en plena época de corrección política, que aquella Córdoba de las Tres Inculturas dominada por esos (ponga aquí su calificativo) llamados Rosa Aguilar, Sandokán y Castillejo, que el humor sería la vía adecuada para la crítica. Y a eso me dediqué con un seudónimo que ya cayó el primer día, cuando me preguntaron que si era yo el que escribía. He sido posiblemente la persona a la que un seudónimo menos ha protegido. Ni 24 horas. Al menos sirvió para que no me echasen de donde trabajaba entonces, y paradójicamente gracias a la misma corrección política que combatía. Nunca encontré mayor placer que ponerle el micrófono a la entonces alcaldesa para que vertiese sus clichés habituales sabiendo que ella sabía que la había puesto a parir aquí mismo horas antes. Pero gracias a la falsa tolerancia aquellos a los que criticaba se vieron con las manos atadas, esta vez por su propia autocensura, para despedirme. Una situación graciosa que estuvo ahí durante varios años sin que ninguno de los protagonistas dijese nada.

Después de cuatro años sin publicar no creo que el blog merezca ninguna despedida solemne, sí al menos esta por el cariño que le tengo, ya que durante mucho tiempo fue una verdadera y estimulante vía creativa para mí y un auténtico desahogo. No me reconozco ya en muchos de sus textos, otros creo que fueron malos desde el principio, pero no lo supe ver por el entusiasmo que tenía al escribirlos. Otros han envejecido mal. También me parece que un puñado sí que reflejan lo mejor que puedo dar dentro de mis capacidades, y que por ellos pasa bien el tiempo y se pueden seguir disfrutando.

Quiero agradecer profundamente a aquellos prohombres y promujeres que me inspiraron, su ineptitud, falta de honradez, sinvergonzonería y el aprovechamiento de sus cargos públicos. Sin ellos no hubiesen sido posibles estos post. Muchas gracias, de verdad. Vuestras miserias fueron mis musas.


1 comentario:

Puerta de Osario dijo...

Vine, vi y leí. Muchas gracias, Perólez, por los buenos ratos proporcionados. Es un placer saber que siguen vivos los entes digitales que me alegraron los días hace tantos años (algunos se convirtieron en amigos). Un saludo desde un blog vecino, cubierto también de jaramagos.