miércoles, abril 27, 2011

Diario del alcalde Andrés Ocaña Rabadán (XI)

Querido diario:

Soy el alcalde. Meses de incomunicación me han llevado a una situación mental desesperada. No funcionaba Internet. Ni tan siquiera el telex que un asesor de IU puso en el bunker con la indicación en un post-it: “Por si falla lo digital tiremos de analógico”. He estado aquí atrapado, repasando los pasajes más agradables de mi vida: cuando Rosa me eligió como segundo mediante un gesto de su mano al que respondí con una suave reverencia y el día que le di a Sandokán un premio en Joyacor. El resto, como no me gusta, me lo he ido inventando. He sido bandolero en la Subbética, pirata en los mares de Fuengirola, maestro del anís en Rute, modelo de Julio Romero de Torres y, lo que más me gusta, líder del Partido Comunista y cantautor en la extinta Unión Soviética. Gracias a la imaginación he podido resistir.

La ansiedad me ha llevado a comerme casi todo lo que había aquí. Y a bebérmelo. He engordado 47 kilos. Tres motivos me llevan a intentar salir al exterior. En primer lugar la escasez de provisiones. En segundo lugar intentar moverme un poco a ver si pierdo panza. En tercer lugar el deber.

En efecto, no sé lo que pasa ahí afuera. Pero las elecciones se acercan y quizá algunos de los míos me necesiten. La hordas culturales zombis pueden no haber destrozado la gloriosa andadura de la democracia española. Pienso que un puñado de héroes, la mayoría de izquierdas, que son quienes damos la cara cuando acechan los fascistas -y considero a estos vampiros como tales, seguramente joseantonianos-, pueden estar organizando unos comicios. Y yo quiero seguir al servicio de la ciudadanía libre, como hasta ahora. Procedo a salir del bunker si consigo subir la escalerilla. San Rafael, asísteme.

Estado de salud: Ojos cerrados debido a la obesidad, como Bud Spenser, pupilas sumamente contraídas, deposiciones grandes con forma de ensaimada.

1 comentario:

Julio dijo...

¡Vemos mal que has vuelto a retomar el hábito de escribir este diario! Es sensacional, lo más gracioso e imaginativo que haya leído nunca. Por favor, no ceses de continuarlo. Lo esperaba con ansiedad. Muchas (muchísimas) gracias por los inenarrables momentos de placer que con su lectura me has deparado.