lunes, mayo 02, 2011

Diario del alcalde Andrés Ocaña Rabadán (XII)

Querido diario:

Soy el alcalde. Al subir la escalerilla y quitar la trampilla de la obertura que da al exterior se ha producido un suceso desagradable e incómodo. El exceso de grasa ha provocado que la sección número 2 de mi cuerpo, compuesta por la mitad del tronco y las extremidades inferiores, quede en el interior, y la mitad 1, compuesta por la mitad superior del tronco, cabeza y extremidades superiores, en el exterior, siendo ambas realidades incompatibles con todo movimiento de empuje hacia arriba o hacia abajo. Vamos, que me he quedado atascado debido al barrigón.

A continuación se ha desatado el pánico, a resultas del cual me he hecho cacota. Dejo su examen para el habitual repaso al estado de salud del alcalde, que soy yo, querido diario. En efecto, nada más asomar la cabeza y quedar atrapado me he visto en territorio hostil. Hostil en grado sumo. De hecho en un grado que superaría al de mi presencia en un acto de Nuevas Generaciones.

El lugar, que no identifico debido al gentío y a que fui trasladado al bunker de noche y con prisas, estaba como digo infestado. Hordas zombis con la forma de gestores culturales tenían tomada la zona. Nada más asomar la gaita fui confundido con un perfomacer. Debido a la obesidad y a mis ahora larguísimas barbas blancas tengo un parecido notable con el personaje de la superstición religiosa denominado Papá Noel.

Así me lo han hecho saber estos gestores culturales vampirizados. De sus palabras se desprende que creen que represento a la razón que obstruye a las creencias irracionales, lucha que persiste a través de las décadas y que siempre se mantiene igualada. La parte de Papá Noel que se ve refleja a la superchería iluminada por el consumismo. La parte que no se ve, y que si viesen verían profusamente manchada de excrementos, refleja a la razón que, en teoría, debería operar a la luz pero que se ve obligada a operar a la sombra. Y seguían explicando pero no me he enterado ya de nada.

Después, cuando varios gestores culturales me felicitaban y me proponían como conferenciante para las recién proyectadas jornadas “Religión, superstición, razón y otras cosas acabadas en –ón”, me he escurrido, la trampilla se ha cerrado cuando he intentado asirme a ella y he acabado estampándome contra el suelo después de hacer infructuosos movimientos, he de reconocer que felinos incluso a pesar de mi peso, para agarrar la escalerilla. Dolorido pero sano y salvo procedo a escribir mis impresiones.

Estado de salud: Ojos enrojecidos e hinchados cual pelotas, pupilas microscópicas, deposiciones abundantes y líquidas, como hilillos de chapapote.

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